Permission Marketing, un concepto noventero muy vigente en la era digital

A finales de los 90, específicamente en el año 1999, el experto Seth Godin acuñó el concepto de permission marketing (mercadeo de permiso). Este se define como las estrategias en donde el propio consumidor otorga el permiso de manera voluntaria para que se le haga llegar tanto publicidad como cualquier otro tipo de información acerca de una marca o producto.

Un reciente artículo publicado por Merca2.0 vuelve a traer a colación este antiguo pero muy presente concepto, indicando que el mismo sirve para desarrollar adecuadamente procesos de marketing en los cuales tiene que existir un entendimiento entre el emisor del mensaje y quien lo recibe.

La idea, gracias a los avances de la tecnología, está más actualizada que nunca pues el consumidor es, hoy día, quien posee (o aparenta poseer) el poder de permitir qué es lo que se le hará ver, escuchar y percibir a través de alguna pauta publicitaria o mensaje con estrategias especialmente diseñadas para públicos más selectivos… unos públicos, por cierto, capaces de discernir interés en consumir o no un producto, y recibir información acerca de ellos.

El concepto de permission marketing, según el autor Godin, posee tres características principales las cuales son:

  • Se anticipa a la acción, porque al esperar el permiso del consumidor para su visualización, es capaz de generar una expectativa.
  • Es personal, por lo que es capaz de establecer relaciones de confianza entre el probable comprador y la marca que emite el mensaje.
  • Es relevante dado que el consumidor recibe información sobre una marca o producto en el que estaría interesado de manera previa.

La era digital, lo dicho, no ha hecho más que reforzar tanto el concepto como sus características principales. Y es que los llamados a la aceptación de publicidad a través de internet y el marketing digital representan un buen ejemplo de ello. Allí está el caso del e-marketing, amén de la avalancha de anuncios que a diario aparecen en las redes sociales y que, en ambos casos, casi siempre el usuario es quien tiene la última palabra a la hora de consumir ese contenido o no.